Cuando alguien hace trampa, a veces no hace falta denunciarlo. Basta con obligar al tramposo a aceptar las consecuencias de su propia mentira.
Las dos piedras del rey
Enunciado
Un rey afirma públicamente que ha metido en una bolsa una piedra blanca y una negra.
Un prisionero deberá sacar una al azar: si es blanca quedará libre; si es negra morirá.
Pero el prisionero ve que el rey hace trampa y mete dos piedras negras. No puede acusarlo directamente.
¿Qué puede hacer para salvarse?
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Solución
El prisionero saca una piedra y, antes de que nadie vea su color, la deja caer entre muchas piedras indistinguibles del patio.
Ya no es posible identificar cuál era la piedra elegida. Para averiguar su color, solo queda mirar la piedra que permanece en la bolsa.
La piedra restante es negra. Como el rey había afirmado públicamente que había una blanca y una negra, deberá sostener que la piedra perdida era la blanca. Negarlo equivaldría a admitir la trampa.
Por tanto, el prisionero queda libre.
No hace falta que se trague nada. Lo esencial es volver irrecuperable la piedra escogida y usar la piedra restante como prueba indirecta.
Respuesta: debe hacer desaparecer su piedra sin mostrarla y pedir que se examine la que queda.